miércoles, 3 de junio de 2009

Tiempo de magnolias


Se abre paso Junio con caluroso escándalo y el consabido cansancio "estacional". No sé si a tí te pasa, pero para mí es mortal. Mis allegados se empeñan en llamarlo "astenia primaveral", pero yo disiento. Apenas quedan 20 días para que comienze el verano... Así que de primaveral nada. Para mí, se trata de una especie de "memoria histórica" que tiene mi organismo: memoria de aquellos junios en los que vivía en continuo sprint y aguantaba lo que me echaran pensando en la meta, que eran las vacaciones. Exámenes. Calor. Más exámenes. Más calor. Junio siempre resultaba agotador. Y, aunque ya casi lleve más de media vida sin estar sujeta al calendario estudiantil... tengo para mí que mi cuerpo se acuerda, y le salta el "efecto junio", aunque no tenga por delante casi 3 meses de vacaciones, ni esa sensación de "amnistía" total que era el aliciente de julio, agosto y parte de septiembre. Nada que ver con mis junios de ahora... No, nada que ver. Gracias a Dios, las metas hace tiempo que son otras, y saben poco o muy poco de calendarios.

Sin embargo, sí hay una cosa que se mantiene exactamente igual, y pese al cansancio, sigo viviendo con verdadera pasión: la caza furtiva de magnolias. ¡Qué poco queda para que aparezcan las magnolias! Desde hace muchos años, es una actividad pseudodelictiva que practico -sola o acompañada- exclusivamente en Junio; y confieso que esa limitación temporal le añade mucha emoción.

La magnolia es mi flor favorita desde siempre. Es bonita -miradas una a una, ¿qué flor no lo es?- y, para mí, tiene el mejor aroma que he olido nunca. Pero, como nada es perfecto, tiene una pega (probablemente lo que para mí la hace tan especial): no se encuentra en las floristerías, no se arregla en ramos, sabes que nunca nadie te las va a regalar* (sucumbiría ante quien me sorprendiera con unas magnolias recién cortadas) y para disfrutar de ellas, solo hay dos opciones: tener un jardín con un buen magnolio (qué paseos en algunos lugares del Sur de Estados Unidos dí hace años bajo los magnolios) o... recurrir al furtivismo urbano. Y desde hace décadas, esa última es mi opción.

Supongo que es porque tiene hojas todo el año verdes y lustrosas, o porque aguantan bien y crecen rápido, pero el asunto es que en mi ciudad hay muchos magnolios. Y subiendo. Según un estudio hecho por mí misma, me atrevo a asegurar que, de todas las rotondas urbanas que han puesto en los últimos 5 años, una de cada dos tiene un arbusto de magnolio en medio. Estoy deseando ver cuáles dan flor y cuáles no.

Tengo dos o tres lugares clave para una buena caza. Cercanos a mi zona, y con la altura suficiente (suficientemente baja en mi caso, quiero decir) para alcanzar una cada dos o tres dias. Bueno, cada dos o tres noches. Porque esta es una actividad nocturna y con alevosía. Me da muchisimo miedo que me pillen y me digan algo. Nunca me he preocupado de averiguar si es un delito. Pero probablemente lo sea.

Así que si te encuentras dentro de unos días, con una loca encaramada a una tapia, o pisando el césped de ciertos jardines públicos... por favor... si te parece mal, pasa de largo y no me recrimines.


O...si no te parece tan mal, únete a la caza conmigo.



(*) Como el ser humano sabe explotar los dones que brinda la naturaleza, alguna vez sí me han sorprendido con un frasquito de una colonia de esas carísimas que huele sólo a magnolia. Pero no diré nombre ni marca. Este blog no hace publicidad. ...Ja!