martes, 22 de abril de 2008

Cádiz, El Puerto y su colección de duendes

Desde que creé este sitio, a la derecha, bajo el título de "Puntos Cardinales" aparece, entre otros, el que da título a esta entrada de hoy. He tardado mucho en escribir sobre esto. Pero tarde o temprano, sabía que "tocaría".

Me marcho mañana por la noche hasta el domingo. Me voy a cargar pilas y a gastarlas. Sin dar nombres, -aunque ellos nunca leerán estas letras pues no conocen esta dirección- allí me espera una de mis hermanas, -la "más" hermana de mis hermanas-, su marido y su hijo, que tardó tanto en llegar y nos llenó de alegría a todos. Hablaría mucho de ellos, juntos y por separado, pero aún me queda un atisbo de "pudor" y me da vergüenza.

Ellos son sólo tres de los duendes que habitan en esa tierra luminosa, alegre y acogedora a la que trato de ir lo más frecuentemente que puedo. Pero hay otros. Duendes grandes y pequeños. Algunos duendes que sufren con alegría y entereza; otros, que simplemente irradian "magia". Los olores, la luz, el mar, la arena, un caballo por la playa, las buganvillas, los pinos, la simpatía "gratis" que te regala la gente... y duendes que estuvieron y se fueron...para quedarse para siempre.

- Dime... ¿qué eso del "duende"?

- ¡Ozú! Er duende no sse-eplica

miércoles, 16 de abril de 2008

Momento

Quién pudiera volar!
Quien pudiera.
No tocar el suelo, ni verlo siquiera.
Quién pudiera no ser visto,
y mirar desde la paz.
Suspenderse en un trino,
en la nube parar.
Quien pudiera dejar de doler.
¡Qué daría yo por que no te doliera!
No. No es tiempo de descansar.
y... sin embargo... ¡el tiempo vuela!

Pero hoy...
Quién pudiera volar.
Ay, quién pudiera!

lunes, 14 de abril de 2008

Fuera de Carta

Pido disculpas anticipadas a aquellos lectores que me lean desde fuera de España. Hoy vengo a hablar de algo que, si Dios quiere (y, por su bien, les deseo), probablemente no lleguen a poder "degustar". En caso de que sí puedan: este "porsiaca" también va por ustedes.

Se trata de la "penúltima" comedia española. Se titula "Fuera de carta". De ahí el título de la entrada de hoy. Lo escribo "porsiaca" alguien está pensando en ir a verla.

Para empezar, un breve ejercicio de "meaculpismo". Debería haberme asegurado de que la película (sobre la que creí estar suficientemente informada) no era sólo una comedia más o menos "ligera" con el protagonista "gay" de turno, tan manido últimamente; caí en la tentación: un buen actor (probado en comedia y otros géneros) a la cabeza; una historia "en clave de humor" ambientada en un restaurante de esos innovadores (donde de-construyen tortilla y crionizan salsas) a cuya cabeza está un cocinero egocéntrico y maniático. Además, el director había triunfado hace unos años en la televisión con una serie de humor que se mantuvo en antena durante mucho tiempo y rompió records de audiencia, gracias a una galería de personajes muy estereotipados, con defectos y virtudes marcadísimas, que estaban muy bien interpretados, y, sobre todo, a unos guiones casi perfectos que dieron con la fórmula del éxito: hacían reír, eran siempre iguales pero distintos. Bien es cierto que abusaban de la sal gorda, o de ciertos planteamientos morales "en boga" con los que no coincido, pero que soy capaz de "aparcar". Esa tarde, yo buscaba una película de esas un poco "tontas", que me hiciera reír sin más pretensiones y se me antojó oportuna. Pero... como diría el poeta...se equivocó la paloma.
Pues eso: que "mea culpa". Una vez más, fuí "penseque" y de ahí viene este "porsiaca".

Aún a sabiendas de que el gusto es algo subjetivo, me atrevo a asegurar que es la peor película que he visto en años. Mala como película. Perversa, como transportadora de un mensaje tan falaz como (intuyo) malintencionado. No le dedicaría una entrada que ocupa lo que dos, -con lo que me cuesta sacar tiempo para escribir...- si no fuera porque está teniendo una cobertura publicitaria enorme y "parece" lo que no es.

Como película: es una "comedia" (y que me perdone la comedia) plagada de chistes que no hacen ni esbozar una sonrisa. Y aquí no estoy siendo subjetiva. Prueba de ello es que en la sala -cierto es que no éramos ni 10 personas- no se escuchó una sola risa desde el minuto cero hasta el final. Los actores (fundamentalmente el protagonista y su amiga íntima, protagonizada por una actriz que, hasta ahora, me había parecido buena intérprete) no pueden estar peor. Ella, representando un papel que se ve de lejos que ni ella misma se ha creído; y él... la palabra sobreactuado no alcanza a definirlo. No sobreactúa, actúa mal, simplemente. Y repito: es buen actor.

La fórmula utilizada es la mezcla del género "Serie española televisiva de humor" con absurdos intentos de imitación de Pedro Almodóvar. Y no, no funciona. Han metido esos ingredientes en la Thermomix y el resultado es un experimento aburrido que provoca vergüenza ajena en numerosos momentos.

Los secundarios, también prometían y también decepcionan. El "portero" socarrón y lenguaraz que triunfaba hace un par de años en la tele, hace exactamente el mismo (en serio, el mismo) papel, solo que aqui no tiene la escoba en la mano. Hubiera ganado mil puntos si le añaden una frase al principio que diga que antes trabajaba en la portería de una casa en una calle cercana. Pero se ve que les falta imaginación.
Y ése es precisamente el principal defecto formal (el fondo es otra cosa) de la película. La receta carece del único ingrediente necesario: ingenio, imaginación, creatividad. ¿Se puede freir un huevo sin huevo? ¿Se puede hacer una comedia sin ingenio?

Todos los personajes cuando tienen que hacer una broma -apenas hay dos o tres situaciones realmente de comedia, por lo que el resto lo han tratado de construir vía diálogos- se apoyan exclusivamente en referencias al sexo. Venga al caso o no. Tenga gracia o no. Aporte a la historia o no. Y, buen gusto y moral aparte: resulta cansino. Imagínense un ejercicio literario en el que todas las metáforas, todos los símiles, todas las figuras tuvieran que estar sí o sí, referidas a algo de contenido sexual... Créanme: resulta insoportable, y no por chabacano, (que también), no por rebajante (que también), simplemente, por aburrido y falto de ingenio.
Por no faltar al abuso de lo televisivo, tiene hasta su propia versión de las lamentables "escenas de matrimonio"; una pareja de grandes actores, con talento y años en esto -aún no entiendo quién les ha engañado para participar en semejante bodrio- representando a una pareja mayor. que es absolutamente patética; ambos parecen sacados de un "sketch" de relleno de esos especiales de humor que nos regalan algunas cadenas de TV en Nochevieja.

Eso, en cuanto a lo cinematográfico.
En cuanto al contenido de fondo (y me da casi vergüenza tratar de tomarme en serio esta película en ese plano), no se puede ser más "malo" tampoco. La propuesta de que la homosexualidad es el "panegírico" del amor, saltándose todo tipo de cuestiones previas, como la paternidad responsable, el respeto a los menores, saber asumir la responsabilidad o renunciar a ello con "decencia", por ejemplo. Exhibe la promiscuidad sexual como cotidiana y "normal", plantea la búsqueda de la felicidad basada en la estabilidad "sexual" que no emocional o afectiva... sin dejar por supuesto de señalar como imbéciles a los que tienen una familia formada por padre, madre e hijos. (No hay que hilar muy fino para darse cuenta de que el único cliente del restaurante que resulta ser un cretino, maleducado, totalitario, etc. es precisamente un padre que ha llevado a su mujer y a sus dos hijos pequeños a comer al restaurante, que además no "pegan" allí nada, la verdad).
Se me quitan las ganas de seguir. Sólo advertir que es muy probable que la calificación por edades de la película, que no contiene escenas explícitas de sexo -quizá para permitir el acceso a adolescentes-, puede que sea por debajo de la mayoría de edad.

Sólo les diría tres cosas a los "genios" que la han parido:
Uno: la tele no es el cine.
Dos: Almodóvar no consiste en juntar unos personajes "más o menos peculiares" al borde de un ataque de nervios. (Puede gustar o no, pero es un creador de universos propios, dirige actores como nadie y especialmente escribe unas historias que se sujetan a la perfección, -salvo raras excepciones- aún siendo casi inverosímiles).
Y tres: la comedia está para hacernos reír, no para que se rían de ella.

Pd. Por felicitarles en algo: muy logradas y bien rodadas las secuencias de la "paliza" en el partido de fútbol.

Se la pueden comer con patatas fritas o con tortilla des-estructurada, de-construida o a la espuma de vierias. Para mí... está, efectivamente, fuera de carta.




jueves, 10 de abril de 2008

De derrotas y victorias

Me gusta el fútbol. Desde pequeña. Será por la pasión con la que se vivía en mi casa por parte de mis hermanos mayores cuando yo era pequeña. El revuelo que se organizaba alrededor de la (única) tele y cómo ellos (mis hermanos) me hacían sentir parte de algo. Sin ser forofos ni socios del Madrid, (el único club del que se le pasaría por la cabeza ser socio a cualquiera de los miembros de mi familia), vivíamos con emoción determinados encuentros. Recuerdo noches de esas "europeas de blanco y negro". O remontadas históricas como una vuelta R. Madrid-Borussia de nosedonde que compartí con mi padre através de la radio (la ida habia sido tal paseo de los alemanes que la tele no consideró emitir la vuelta) Yo en mi cuarto, estudiando, con la radio "bajita" y él escuchándola a mayor volumen en el salón. En el primer y segundo gol, yo salí de mi cuarto a celebrarlo con él, incapaz de contenerme. Al tercero... ¡cerré los libros y me quedé con él de la emoción ¡Levantaron el partido, eliminaron a los rubiales aquellos y... TVE ...¡tuvo que dar el partido en diferido ante el clamor popular!

Y, por supuesto, la emoción absolutamente única con la que se vivían algunos encuentros de la selección en mi casa. ¡Cómo recuerdo aquel Mexico 86... ese España-Dinamarca en Querétaro donde se coronó definitivamente Butragueño ante el mundo. La Cibeles, en la tele, llena de gente que coreaba "Buitre Presidente".

Pero no quiero engañar a nadie: he dicho que a mí me gusta el fútbol, no que entienda de fútbol. A mí me gusta el fútbol por eso, por la emoción. Y siendo más precisos, lo que me gusta, supongo, es la emoción compartida. ¿Ver un partido "trascendental" sola? Nada que ver; ya me pasó en el Mundial de Corea, que el partido contra Corea me pilló en un viaje de trabajo, y acabé llamando a mi casa. Esa emoción, si no se comparte... no es lo mismo.

Si me está leyendo alguien se preguntará a qué viene esto. Perdóname.

Es que esta noche he vuelto a sentir eso. Ya somos menos; los hermanos casados, en sus casas, mi padre en el Cielo, (de hecho, aquel de México fue su último Mundial...) pero la emoción ha sido como las de antes. Mi madre, mi hermano y yo, viviendo apasionadamente la "gesta" del simpático "Geta".

Ha sido increíble. Durante 120 minutos me he quitadp 25 años. Y a medio minuto escaso del final ... ¡ZAS! El jarro de agua fría reglamentario.

¡Dios mío! Pero ¿qué me ha pasado? Esta entrada era para hablar de victorias, derrotas y y de formas de no sentirse vencidos nunca. Lo del fútbol iba a ser una "excusa" literaria... el McGuffinn del que hablaba Hichtcock. Yo quería hablar de luchadores. De personas que no pierden nunca. De los padres de un niño que a sus 7 años ya ha pasado varias veces por un quirófano "a vida o muerte", y de ese niño y el resto de su familia. De una persona que supera una enfermedad grave y hoy descubre que se enfrenta al terrible momento de sufrir porque probablemente se ve incapaz de saber sufrir cuando es otro quien la padece...

Yo quería escribir de eso... y voy y cocino este "engendro"...

Ea, es tardísimo: ni cambio el título ni cambio el engendro.

Si me estás leyendo: ¡A luchar, a luchar! Dejar de luchar es el único camino hacia la derrota.

Esto se va animando.

¿O soy yo la que se anima cada vez que recibo visita? ¡Gracias a los que os habéis asomado y, después de asomaros, habéis cruzado la puerta! Sed bienvenidos.
Hoy ha sido un dia agotador. En medio de la vorágine laboral, he vivido casi a tiempo real una tremenda pugna entre la tortilla de patata y la siesta. Ambas cosas españolísimas. Luchaban por ser el mejor invento español aportado a la cultura occidental. No piensen mal. Era una votación con candidaturas cerradas a priori: las dos mencionadas, más la fregona, las tapas y ... el futbolín.
Una de las mejores encuestas convocadas por el "padrino".
Al final, y por un solo voto de diferencia, ganó la siesta. En este momento -no sé si por ese defecto (españolísimo también) de apoyar al ganador cuando ha ganado- o porque es la una y pico de la mañana y sigo en la oficina, cambiaría mi voto a favor de la siesta.

Me voy a casa.
A meterme en la cama... sin cenar.

Has adivinado: yo voté por la tortilla.

lunes, 7 de abril de 2008

7 de abril: gracias. perdón. ayudame mas


Gracias; por el regalo.
Perdón. Por no saber estar a la altura y darle más vueltas a que no me lo merezco que a para qué y porqué me lo diste.
Y ayúdame más...
Porque sin Ti, me es imposible desenvolverlo y disfrutarlo cada día.

El título de esta entrada es "robado".
Me da igual. Es un consejo que me dió alguien sin conocerme, pese a quererme como una hija. De hecho, se pasó la vida "dando".

miércoles, 2 de abril de 2008

Yo estuve allí

He leído que próximamente -o quizás ya haya sucedido- van a estrenar un programa televisivo sobre acontecimientos más o menos importantes de nuestra historia reciente, con el "gancho" de contar con el testimonio actual de personas que los presenciaron, protagonizaron o "vivieron" en alguna u otra medida.

Pero "estar" puede ser un concepto muy ambiguo. No es lo mismo estar que ser, (que se aguanten los ingleses); ni es lo mismo estar que "vivir". Así, por ejemplo, yo podría decir que "estuve" cuando el hombre pisó la luna. No estuve, pero creo que me plantaron delante del televisor. Tenía yo 6 meses recién cumplidos. ¡Ja!

Al hilo de la fecha de hoy, sí puedo reflexionar sobre algo que viví de verdad. Y no porque físicamente estuviera en el lugar de los hechos, que estuve, sino porque la vivencia fue tan intensa en todos los sentidos, que, al igual que millones de personas de todo el globo que se encontraban a distancias lejanísimas, afectó realmente a mi vida.

Me refiero a la muerte de Juan Pablo II, Karol, el Papa Grande. "Mi" Papa. Le seguí a muchos lugares. Le leí. Le escuché directamente. Me reí con él y recé con él. Aprendí de él. Recé mejor gracias a él. Conocí mejor a Cristo gracias a él. En varios sentidos, crecí con él.

Durante los tres o cuatro días anteriores, las noticias sobre su estado de salud pasaron de estar entre otras noticias, a abrir los telediarios de todo el mundo, mostrando la imagen de aquella ventana pequeñita del lado derecho de la Plaza de San Pedro.
Esa imagen me movió algo dentro. Mi cabeza y mi corazón se "iban" a Roma, a aquella plaza a la que tantas veces había ido antes precisamente a verle.
Y llegó el viernes. Al día siguiente, era primer sábado de mes. Y el domingo, sería la Fiesta de la Divina Misericordia, cuya devoción él tanto había celebrado y difundido. Ese viernes, temprano, mi corazón me dijo una certeza: se iba. La Virgen se lo iba a llevar. Se iba. Y a mí, se me iba continuamente la cabeza a aquella ventana. Así que tuve el impulso interno y un tanto "terco" de querer estar ahí debajo, junto a las personas que la tele nos mostraba que se habían ido concentrando allí; quería estar ahí no sólo con cabeza y corazón.

Dicho y hecho. Consciente del gasto no previsto que suponía un viaje así, y sin saber distinguir si aquello era un capricho frívolo -¿a quién no le apetece viajar a Roma?- o un acto de cariño filial, (las sinceras ganas de "acompañar" a quien me había acompañado tanto y ayudado tanto desde mi temprana adolescencia), me hice una promesa "mental": "si tengo puntos suficientes para sacar un avión de ida y vuelta "gratis", es que es buena idea, si no, es que no debo ir". Consulté con la oficina de la tarjeta de puntos de mi aerolínea de referencia y... tenía puntos.

Volé el sábado de madrugada. Sola. Una mochila con el neceser, un cambio de ropa y ya. Fui directa a la Plaza de San Pedro. Varios centenares de personas se repartían por la zona cercana a la ventana. Se distinguía muy bien qué hacían allí. Su actitud delataba que no eran turistas, que los había, y en buena cantidad, como es normal en Roma y más a partir de la primavera. Estuve allí sentada, bajo aquella ventana un puñado de horas. Comí algo en la Piazza Navona, y después, a primera hora de la tarde, busqué una Misa en una Iglesia cercana a San Pedro, y volví a la Plaza. Había bastante más gente. Muchos jóvenes, es cierto, pero también personas de edad madura y más que madura. De todo. Y, claro, Religiosas, Religiosos y curas. Recuerdo especialmente a una pareja de "Sisters" de la Madre Teresa, Misioneras de la Caridad, la gran "amiga" del Papa, a la que pocos años antes él mismo había proclamado beata en esa misma plaza ante una multitud entre la que yo también estaba. La gente cree que es el Sari blanco con franjas azules lo que las hace inconfundibles. Obvio. Pero para mí, hay algo en sus rostros -sean de la etnia que sean- que las delata más. Hay algo en las caras y en los ojos de las hijas de la Madre Teresa que las "viste" más que el Sari. Apuesto algo a que mas de uno me da la razón a esto...
Perdón; me he ido del tema.

Mucha gente. Y desde luego, predominaban los laicos de todo color. Prontó se corrió la voz de que habían comunicado que a media mañana el Papa había hablado. Se había referido a "sus" jóvenes, porque le habían contado que miles de ellos se encontraban "plantados" en la Plaza, bajo su ventana. "Siempre los he buscado, y ahora ellos me buscan a mí" creo recordar que fueron más o menos las palabras que dicen que dijo.

Y, efectivamente, allí estábamos. "Sus" jóvenes.

¡Qué imagen tan sugerente! Éramos como una estampa de familia -y lo somos, en la Fe- alrededor de la cama del padre que se está despidiendo. "-¡Así da gusto morirse!", pensé. Gastado, habiendo cumplido su misión hasta el final. Me viene a la cabeza aquella respuesta que había dado no mucho tiempo antes, en plena polémica sobre si debía o no dimitir, dado su estado de salud y los sufrimientos que padecía, "- Jesús no se bajó de la Cruz."

Rezábamos en silencio. Individualmente, la mayoría. Había grupitos de personas que rezaban el Rosario, sin hacer ruido ni ningún aspaviento. Eso sí: todos coincidíamos en una cosa: la mirada permanentemente orientada hacia aquella ventana. Las cervicales de mas de uno tuvieron que sufrir en aquella jornada. En torno a las 8 y pico, la plaza estaba semillena.

De todo, lo que más conservo es el impresionante silencio que se produjo cerca de las 10 de la noche, cuando aquella voz -no estoy segura ahora mismo quién, pero para eso están las hemerotecas- salió a comunicarnos que el Papa había "tornatto a la Casa dil Patre". Como si de una sola persona se tratara, todos los presentes que permanecíamos de pie (había gente sentada y de rodillas) caimos de un golpe, rodilla al suelo. Comenzaron a sonar las campanas. Y el silencio atronador nos arropó a todos. Ví rostros recorridos por lágrimas calientes. Vi abrazos entre gente que no se conocía. Ví serenidad en medio del dolor. Vi rezar con una devoción que daba escalofríos. Lo ví y lo viví. Muchos amigos y familiares que sabían que me había "dado el punto" de irme a Roma sin decir nada, me enviaban SMS y llamaban. Estaban ante el televisor.

Era Sabado por la noche. 2 de Abril. Primer sábado de mes. Víspera de la Divina Misericordia.

Y yo estuve allí. Pero... no es eso. En cierto modo, creo -sé- que todos estuvimos allí.

Qué suerte hemos tenido, ¿no crees?

Traigo este vídeo para que recuerdes ...

“La risa de Juan Pablo II” http://www.youtube.com/watch?v=o62EyI_v__8