De los (pocos, para mi desgracia) países de la América Hispana que conozco, las tierras Uruguayas sólo las he visto desde "enfrente"; no he tenido ni la suerte ni el honor de pisarlas. Conozco a algunos uruguayos, y, no sé si es casualidad, pero todos me parecen unas bellísimas personas. Cultos. Futboleros. Simpáticos. La mayoría altos y bastante guapos. Valga esto también para las uruguayas... por extensión, porque lo cierto es que mujeres no conozco personalmente a ninguna.
A lo que iba. Que me conozco. (Esto es lo malo de que yo cuente algo por escrito... Cuando es una historia en una conversación, en cuanto me desvío, siempre hay alguien que me coloca en mi sitio, pero al escribir, soy yo quien debo corregir el rumbo y me cuesta una vida...].
Decía...
La verdad: tengo muchas cosas que decir guardadas. Me falta tiempo para venir a escribir. Agradezco a los que me animáis a no dejarlo. No es falta de ganas. Tengo mucho "en la nevera" Lo que llamo "cuentas blogeras pendientes".
Pero... hoy tengo que dejar sitio a otro.
Porque que el señor Presidente de una nación, se dirija al poder legislativo y manifieste su veto y oposición a una ley que promueva el aborto, ofreciendo argumentos como estos:
"La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos -incluido el nuestro- el ADN se ha transformado en la "prueba reina" para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en hipótesis de devastación, o sea cuando prácticamente ya no queda nada del ser humano, aun luego de mucho tiempo.
El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia".
O estos:
"El proyecto, además, califica erróneamente y de manera forzada, contra el sentido común, el aborto como acto médico, desconociendo declaraciones internacionales como las de Helsinki y Tokyo, que han sido asumidas en el ámbito del Mercosur, que vienen siendo objeto de internalización expresa en nuestro país desde 1996 y que son reflejo de los principios de la medicina hipocrática que caracterizan al médico por actuar a favor de la vida y de la integridad física".
O estos otros:
"De acuerdo a la idiosincrasia de nuestro pueblo, es más adecuado buscar una solución basada en la solidaridad que permita promocionar a la mujer y a su criatura, otorgándole la libertad de poder optar por otras vías y, de esta forma, salvar a los dos.
Es menester atacar las verdaderas causas del aborto en nuestro país y que surgen de nuestra realidad socio-económica. Existe un gran número de mujeres, particularmente de los sectores más carenciados, que soportan la carga del hogar solas. Para ello, hay que rodear a la mujer desamparada de la indispensable protección solidaria, en vez de facilitarle el aborto".
Se merece ser el protagonista de mi humilde portada, aunque no salga en las de los periódicos más leídos.
Dicen que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Desconozco por completo la trayectoria del Presidente Tabares. A lo mejor es un nefasto gobernante. No lo sé. Confieso que no conocía ni su nombre, que he conocido a través de esta noticia. Pero, sólo por la decencia que me parece se esconde detrás de esas palabras, algo me dice que sí, que Urugay se merece un Presidente así, y me alegro infinito por ellos.
No sé si se los merece, pero el mundo necesita políticos así.
Es un señor. Honrado (se ve que no quiere engañarse ni engañar a nadie). Valiente (sabe que en determinados ámbitos no se va a acoger bien su postura). Y de fiar.
Con esas tres cualidades uno puede pasar de ser sólo el "señor Presidente" a ser un Presidente "señor". Pero hay que tenerlas, y ejercitarlas.
Enhorabuena a todos los uruguayos. ¡Qué envidia me dáis hoy! Y no prescisamente porque sea casi verano por allá....