Esta entrada es de ayer y hoy.
Escribo antes de que sepamos cómo acaba la jornada electoral, para no obligarme a hablar de nada de eso, ni dejarme llevar por el estado de ánimo que pueda tener una vez conocidos los resultados. Mañana, siendo encima lunes... ya Dios dirá por dónde salgo (aviso a navegantes).
Ayer fue un sábado estupendo; salí a dar una vuelta "campestre". Buen tiempo, carretera y monte y una buena amiga de copiloto. Ambas llevábamos tiempo sin vernos con calma. Hacía un día estupendo, y decidimos sin previo aviso, regalarnos un "mano a mano" de los de antes. Para mí, desde luego, fue un buen regalo, y espero que para ella lo fuera también. Ahora que caigo, fue recientemente su cumpleaños y no le regalé nada.
Sin prisas, al sol de la sierra madrileña; caminamos y hablamos -como siempre que hay tiempo- de lo divino y de lo humano. Y mucho de lo primero, la verdad. Fuimos hasta una ermita que honra a la Virgen en los aledaños del pueblo. Me hizo ilusión ver que no eramos las únicas que aprovechaban el buen tiempo para llegar hasta allí.
Desde luego, no descubro nada al afirmar que, de todos los amores que el ser humano está convocado a vivir... el de la amistad es sin duda de los mejores. Gracias!
No puedo dejar de citar la pena y el "acompañamiento moral" que me produjo el asesinato de Isaias Carrasco. Recé por él y por su familia. Y por la familia de la niña de Huelva que ha aparecido llenando de dolor y de terrible certeza a sus hasta el viernes esperanzados padres. Que ninguno pierda la Esperanza con mayúsculas.
Pd. Se nota que soy una novata. No publiqué esto ayer, por si lo modificaba o algo. Pero se me echó el tiempo encima y no lo hice. Eran las cuatro de la tarde cuando lo escribí... La entrada correspondiente al lunes ya veré cuándo la escribo. Por si acaso: sirva la última frase de ayer: que ninguno pierda la Esperanza con mayúsculas.
domingo, 9 de marzo de 2008
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