jueves, 28 de agosto de 2008

Mónica, con sus lágrimas...

El padrino se ha puesto "vago" y me ha pasado los trastos con una audacia que no llamo "morro" por no caer en la falta de respeto y porque a veces me leen desde el otro lado del charco y puede que no entiendan qué quiero decir.
Creerá que apelando a la vanidad me iba a provocar. Y un poco lo ha conseguido. Así que ... aquí estoy.
Celebramos hoy la fiesta de uno de los grandes Santos de la historia de la Iglesia: San Agustín. Y no por casualidad, ayer celebrábamos Santa Mónica, que fue su madre.
Se me ocurren mil cosas que decir. Pero la pereza -sincera yo, ¿eh?- y el miedo a pasarme de la raya me lo impiden. Lo primero: qué detalle tan bonito que el Santoral los tenga así, juntos, uno después de la otra.
La biografía de San Agustín es muy conocida, al menos a grandes rasgos. Recomiendo que os leáis sus Confesiones, que es su vida contada por él. La de Santa Monica se conoce menos. Básicamente: Mónica fue una cristiana ejemplar, que se empeñó en que tanto su marido como sus hijos vivieran la Fe. Logró que su marido, Patricio, pagano y un poco "violento" según cuentan los libros, se bautizara tras años de oración y santa paciencia de su mujer. Lo del chaval Agustín le costó mucho mas. Dicen los biógrafos que un Obispo le llegó a decir a Mónica para consolarla -años antes de que Agustín recibiera la luz de la Fe- que era imposible que no lo lograra despues de tantisima oración, llanto y sufrimientos que ella había ofrecido por esa intención.
Yo, que no soy madre, pero soy mujer, la admiro y me "inspiro" mucho con la figura de Santa Mónica. El dolor natural del parto no fue nada, comparado con el dolor que le producía ver a su hijo apartado de Dios. Respetaba su libertad, pero le hablaba con contundencia siempre que podía y no cesaba de rezar por él.
Así, una vez convertido, Agustín, dejó dicha para la historia una de las frases más bonitas que un hijo puede decir de su madre: "Mónica, con sus lágrimas, me engendró para Cristo".

Como "postdata", sólo añadiré lo trascendental de esa actitud de la madre... Es verdad que los caminos de Dios son infinitos... y que la conversión de Agustín podría haber sido de otra manera...pero... la acción de su madre pudo ser determinante. Ojo. Y no lo digo pensando en los padres "padres", que la paternidad espiritual es algo real. No desestimemos NUNCA el poder de la oración y el sacrificio ofrecido!

Don Enrique: sabe perfectamente que Ud. lo hubiera hecho millones de veces mejor...pero le doy las gracias por "obligarme".

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