Era por la mañana. Recuerdo que nos perdimos -conducía yo- al buscar el Hospital. Raro, porque me sabía el camino de la noche anterior, cuando se quedaron los dos juntos ingresados. Creo que el de Arriba tuvo el detalle de hacer que me perdiera para no estar. Para dejar que el primer momento fuera de ellos dos, bueno de ellos tres.
Cuando llegamos, ya había nacido. Un niño alargado, flaquito, y con una melena tupida de pelo negro, liso y apretado (como la de un japonés) que nos pareció el más guapo del mundo. Y os aseguro que no lo era... Pero lo era.
Por fin tuvimos en los brazos al niño más esperado de la familia. Años de espera, silencio, esperanzas más o menos frustradas y muchas (muchas) peticiones a la Virgen.
Hoy es un tipo singular y espabilado. Parece alemán, con ese pelo rubio cervecero. Mide y "abulta" mucho más de lo que dicen sus 3 años; habla como si en algo tuviera que haber salido a su madrina y me hace recordar permamentemente que hay que saber esperar contra toda esperanza.
Pd. este año no puedo ir a ver cómo sopla las velas de su tarta... pero ... hemos estado ensayando juntos en el teléfono esta mañana y sé que lo hará muy bien. Sonaba como el viento que suele soplar en su tierra, que es un poco la mía por su culpa.
Gracias!
Con esta entrada doy por terminadas mis vacaciones "bloggeras", de las que irán saliendo cosillas aquí en los próximos días. Tengo muchos porsiacas y penseques nuevos que compartir.
miércoles, 27 de agosto de 2008
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1 comentario:
Ahora, en vista de que has vuelto, espero tu entrada sobre Santa Mónica y San Agustín. A ti te saldrá mejor que a mí
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