lunes, 17 de marzo de 2008

Un libro, una película... Viernes de Dolores

Cuando decidí crear este cuaderno, no pensé realmente en cúal iba a ser su contenido, de qué iba a hablar, a quien me dirigía... ¿cúal era mi verdadero propósito? Lo cierto es que no lo sé. O sí.
Supongo que simplemente era el impulso de escribir. Escribir. Escribir. Aunque no te lea nadie. Simplemente escribir. El impulso irrefrenable que aporta un algo que, paradójicamente, no puedo escribir para explicar.
Pero antes de escribir: leer. No siempre. De hecho... casi nunca. Dar entre una inmensa y surtidísima caja de bombones con uno que realmente tenga el sabor inédito, desconocido, cautivador, me resulta dificilísimo. Pero insisto. No abandono. Por ese pequeño milagro merece la pena abrir un libro. ¿Será este? Y de pronto, no es, pero se le acerca mucho. ¡Qué increíble experiencia cuando das con algo que te secuestra hasta de tí misma! Y lees como si no hubiera nada más que hacer. Como si no hubiera tiempo. Como si me fuera a morir mañana.
Puede que me lo dé todo, pero leer también me quita mucho; me atrapa, saca lo peor de mí. Me vuelve huraña, antisocial, escurridiza y, lo peor: obsesiva.
El pasado viernes, Viernes de Dolores, terminé de leer La ladrona de libros. En dos sentadas. Había comenzado el día anterior. Mas de 500 paginas en dos noches. Y se me ha hecho corto. No he podido disfrutarlo despacio. La lectura que me atrapa... me secuestra, me fagocita, me absorbe. ¿Me posee? No sé. Algo parecido a eso. Luego me deja exhausta, con una agridulce sensación tejida de insatisfacción y plenitud. ¡Cómo desearía no haberla comenzado aún para poder volver a disfrutarla! ¡Qué envidia me provocan las personas a las que se la he recomendado y aún no la han abierto!

Me gustan la idea narrativa y la estructura de la novela. Me gusta la historia que cuenta. Y me gusta (más) cómo está escrita. Tiene momentos de un lirismo estremecedor. Y sí, lo confieso: he llorado varias veces. Pero llorado del verbo disfrutar. A gusto. Sin desconsuelo y sin motivo concreto. No es solo "me ha emocionado", no. ¡Qué difícil es transmitir esa rara belleza que puede encerrar el dolor! Dolor, belleza; me parecen ambos dos misterios que encajan entre sí, cuya clave no nos es concedido desvelar del todo en esta vida.
Justo a menos de 100 páginas de acabar, me sacaron a patadas de mi aislamiento lector . ¡Qué sacrificio! ¡Me costó más que 100 ayunos! Si no fuera por que la amistad está por encima de casi todas las cosas y que una suele cumplir lo que promete, no hubiera acompañado a quien me había hecho prometer que la acompañaría al cine a ver "Cometas en el cielo".
Viernes de Dolores. Dejé a Liesel a punto de perderlo todo, y me zambullí 40 años más tarde, en otro mundo, en otras vidas, en otros dolores, en otras esperanzas pero .... no en otras lágrimas; no, esas seguían siendo mías.

Al final... es lo mismo. El ser humano, capaz de cometer las mayores barbaridades y atrocidades contra otros hombres y, al mismo tiempo, capaz de llegar a un nivel de dignidad, de entrega, de amor fraterno... Sí... la paradoja humana. Eso mismo que la muerte-narradora no es capaz de llegar a entender tampoco.
Viernes de Dolores. Así fue. Asi sigue siendo todavía. Que Dios nos dé el inmenso don de apreciar el valor sublime que hay detrás de un sacrificio hecho por amor. Sin esperar nada.

Mírale. Atrévete. ¿No ves lo que te dice desde ahí arriba, clavado, cosido al madero?
- ¡Por tí... lo haría mil veces!

2 comentarios:

Unknown dijo...

Buenoooo: a pesar de mis prejuicios frente a los bestsellers, ayer empecé a leer La ladrona de libros, eso sí, a un ritmo bastante más moderado que el tuyo nueve x nueve. Es sorprendente, nada macabro a pesar de los pesares.

Por cierto, menudo enganche cometas + Viernes Santo; la verdad es que lo mejor del libro (yo no he visto la peli y no recomiendo el libro) es la frasecilla que recoges.

Saludos.

Nuevepornueve dijo...

Pues sí, Altosilencio; Droga dura ese Viernes... pero era Viernes de Dolores. El Viernes Santo, como hubiera hecho mi abuela, no fui al cine. Me recluí tras los Oficios y ejercí de soldado romano: no me jugué ninguna túnica... pero si la honrilla en una mano de cartas...
Aquel otro viernes, el de Dolores,
tuve un mix de links "mentales" en torno al amor por la lectura, el dolor, el sacrificio y la siempre sorprendente naturaleza humana... y salió "eso"
AH ...Y GRACIAS POR COLARTE AQUI Y DEJAR TU ANONIMO RASTRO, SEAS QUIEN SEAS!!